La agenda central en discusión, tanto en esta ronda como en las negociaciones venideras en los
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| La concentración de emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera podría causar para el año 2035 un aumento medio de temperatura de más de 2ºC |
próximos años, es la continuidad del esquema establecido por el Protocolo de Kyoto después de la finalización de su vigencia en el año 2012. Los resultados obtenidos hasta entonces están determinados por las obligaciones asumidas de manera vinculante por los países industrializados, con la excepción de Australia y Estados Unidos de América, quienes se negaron a firmar el Protocolo. “La evidencia científica en estos momentos es abrumadora: el cambio climático constituye una grave amenaza global y exige una respuesta global urgente”, establece el trabajo de Stern en total acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por su siglas en ingles), el cuerpo de científicos y técnicos que informa a la Convención Marco sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas.
Este Informe ha evaluado una extensa serie de pruebas de los impactos del cambio climático y de los costes económicos: “La evidencia recopilada llega a una sencilla conclusión: los beneficios de acciones enérgicas y tempranas superan con creces los costes económicos de la inacción”. Esta es la tesis principal que se fundamenta y cuantifica a lo largo del estudio.
“Utilizando los resultados de modelos económicos anteriores, el Informe estima que si no actuamos, los costes globales y los riesgos del cambio climático equivaldrán a la pérdida de al menos un 5% del PBI global anual, ahora y siempre. Teniendo en cuenta una mayor diversidad de riesgos e impactos, las estimaciones de los daños podrían alcanzar un 20% o más del PBI. Por el contrario, los costes de acciones pertinentes -reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero para evitar los peores impactos del cambio climático- pueden limitarse a alrededor de un 1% del PBI global anual”. Para estos cálculos, Stern utilizó tasas de interés relativamente bajas que dan cuenta de la apreciación social del tiempo que media entre las inversiones y sus efectos en el futuro. Este parámetro y la aversión al riesgo adoptada son los factores que determinaron en mayor medida los resultados estimados cuantitativamente. De este modo, la acción temprana de mitigacion se justifica ya que “las inversiones que se hagan en los próximos 10 a 20 años tendrán profundos efectos en el clima durante la segunda mitad de este siglo y en el siguiente”, impactos que serían de “un nivel similar a los riesgos asociados con las grandes guerras y la depresión económica de la primera mitad del siglo XX”.
Las intervenciones a nivel nacional, regional e internacional debieran “basarse en una visión compartida de los objetivos y en acuerdos sobre marcos que aceleren las acciones a lo largo de la próxima década”. Para escándalo de muchos economistas, subyace en la visión que se propone compartir el hecho de que “el cambio climático constituye el mayor fracaso del mercado jamás visto en el mundo”. Consecuentemente se recomienda aplicar políticas públicas activas de manera coordinada en una medida sin precedentes en la historia económica de Occidente como un todo.