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Tiene otros de calidad algo menor -pero equivalente a las mejores ubicaciones del Mar del Norte, en Europa- sobre casi toda la costa bonaerense, con velocidades de entre 7 y 8 metros por segundo. Aunque más calmos, estos vientos son más fácilmente explotables: hay buenos caminos que facilitan la construcción, y redes locales de alta tensión para llevar la electricidad a la red interconectada nacional. Y pese a todo esto, y a un país todavía abundante en recursos humanos calificados (ingenieros electrónicos, mecánicos y aeronáuticos, aerodinamistas cordobeses con toda una vida diseñando aviones, y a una industria náutica ducha en trabajar plásticos reforzados, capaz de fabricar palas), la aversión local al riesgo tecnológico fue siempre tenaz. Este rasgo, sumado al cuento del gas abundante y barato, logró que durante la década pasada no hubiera incentivo fiscal alguno, nacional o provincial (o ambos), que culminara en algún plan eólico importante. Las pocas y honrosas excepciones hoy no hacen diferencia a la hora de evitar apagones porque, según admite Spinadel, la capacidad eólica instalada en todo el país es risible: menos de 30 megavatios frente a un déficit total de generación de 4000 megavatios. Sin embargo, algo está cambiando. Entre los apagones de "este invierno de nuestro descontento", como lo habría llamado William Shakespeare, la buena noticia (oculta) es que el precio de la electricidad en el "mercado spot" viene superando largamente los 70 dólares el megavatio hora. "Así las cosas, la electricidad regalada, el obstáculo más serio para que nuestro país empiece a echar mano del recurso eólico, quedó atrás, y para siempre", sentencia el doctor ingeniero Erico Spinadel, de la Asociación Argentina de Energía Eólica.
Fuente: Diario La Nación Fecha :30/07/2007
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