La Argentina está atravesando, y no por primera vez en su historia reciente, una crisis energética de gran magnitud y de difícil grado de resolución. Sus consecuencias se hacen sentir en todos los sectores de la sociedad, pero repercuten negativamente y de un modo concluyente en el sector industrial, el cual está sobrellevando el mayor peso del ajuste, a pesar de representar tan sólo el 32,05% de la matriz de consumo final (específicamente, sólo 23,48% participa en el consumo final del sector industrial propiamente dicho, el restante 8.58% de participación corresponde a lo que se denomina consumo no energético, definido como el empleo de recursos energéticos como materia prima para la fabricación de bienes no energéticos, explicado principalmente por la industria petroqu ímica. Fuente: Balance Energético Nacional 1960-2005, Secretaría de Energía de la Nación).
La presente crisis, que no obstante su carácter estructural está siendo agravada por la alta incidencia coyuntural de las inclemencias climáticas registradas en el corriente año, se remonta a principios de 2002, como resultado del agotamiento del paradigma energético reinante en la Argentina en las décadas de los ´80 y ´90, basado en la abundancia relativa del recurso gas natural a precios bajos. Debe destacarse en ese contexto que, paralelamente y en convivencia con lo antedicho, el país logró un rápido crecimiento económico impulsado por el cambio de precios relativos favorable a la producción de bienes transables, agro e industria en detrimento del sector servicios, aún siendo éste un definido patrón de crecimiento altamente intensivo en energía.
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Consumo Per Cápita de Energía: año 2004. En Millones de Btu. |
Con el fin de alcanzar una resolución que conduzca al menor costo en términos de crecimiento de la actividad económica, existen todo tipo de medidas propuestas por aquellos que entienden del tema. Aquellas que buscan incidir por el lado de la demanda abarcan un espectro muy amplio, ya que van desde la sugerencia de ahorrar o restringir el consumo energético como solución de corto plazo, hasta promover campañas tendientes a concientizar a la sociedad en el uso racional de la energía.
Debe tenerse en cuenta que Argentina muestra tasas de crecimiento promedio anual del consumo energético para el período 1980-2004 que rondan el 2.2%, mientras que para el mismo período la tasa de crecimiento del PIB fue de tan sólo 1.2%. En tanto, si se analiza el consumo energético en términos per cápita con respecto al resto del mundo, Argentina tiene un consumo medio que coincide con el del promedio mundial, 71 M.Btu y 70M.Btu respectivamente, sin embargo, en la región sólo es superado por Chile (74M. Btu) y Venezuela (115M.Btu).
Dentro de las propuestas esbozadas regularmente, la de reformular la estructura tarifaria se caracteriza no sólo en impactar por el lado de la demanda, ya que afecta abiertamente las decisiones de consumo, sino por incidir sobre el lado de la oferta, condicionando las decisiones de inversión. Una suba de tarifas que deviene en un aumento de la rentabilidad empresaria, se recomienda que se aplique conjuntamente con un esquema de subsidios que contemple a los sectores de bajos recurso.