Cuando el Empire State dio inicio este año a un plan de inversión por u$ 500 millones para optimizar el consumo de energía en el edificio, capturó la atención de todo el país.
Con la remodelación, que incluirá la colocación de 6.500 ventanas de mayor aislación e iluminación, calderas y acondicionadores de aire de alta tecnología, se calcula que el rascacielos utilizará casi 40% menos energía. “Tenemos a uno de los edificios emblemáticos de Estados Unidos demostrando que una construcción antigua puede ser más eficiente en el uso de la energía”, señaló Branko Terzic de la consultora Deloitte. “Tales esfuerzos de alto perfil están ayudando a que la eficiencia energética sea “el último grito”, agregó. Es enorme el potencial para optimizar la eficiencia en el uso de energía en todo el mundo. Este año, McKinsey calculó que únicamente en Estados Unidos una inversión de u$s 520.000 millones reduciría el consumo de energía no relacionada con el transporte en un 23% de la demanda proyectada, lo que permitiría a la economía norteamericana ahorrar más de u$s 1,2 billones. Japón y Europa occidental son más eficientes, pero todavía tienen un potencial de ahorro de cientos de miles de millones, mientras que las economías emergentes como China e India han crecido hasta ahora sin prestar mucha atención en la eficiencia. En todo el mundo la eficiencia energética se está beneficiando en gran medida con los paquetes de estímulo de los gobiernos, muchos de los cuales exigen que gran parte del gasto sea aplicado a medidas para reducir el consumo de energía. De un total de u$s 350.000 millones hasta ahora asignado a esfuerzos “verdes”, el sector de eficiencia energética recibirá más de la mitad. Por eso no sorprende que el desempeño de las acciones de dicha industria sea mejor al que ha obtenido el mercado en general, según in reciente informe de HSBC. El sector es excepcionalmente amplio y comprende firmas nuevas de software, ingenieros, consultoras en gestión y un puñado de fabricantes multinacionales.